
SANTO DOMINGO.– El aumento de los casos de violencia de género y feminicidios en República Dominicana continúa generando preocupación en distintos sectores de la sociedad. Las recientes declaraciones de la vicepresidenta Raquel Peña han vuelto a colocar sobre la mesa la necesidad urgente de fortalecer las políticas públicas dirigidas a la protección de las mujeres y la prevención de este grave problema social.
La vicepresidenta lamentó que en lo que va del mes de mayo se hayan registrado más de siete muertes violentas de mujeres, calificando la situación como dolorosa y alarmante. “El sistema ha fallado a la mujer dominicana”, expresó, al tiempo que afirmó que el país no puede seguir permitiendo que continúen ocurriendo feminicidios. Sus palabras reflejan el sentir de una sociedad que cada día observa con preocupación cómo muchas denuncias no logran evitar tragedias.
Peña señaló además que las medidas actuales no han sido suficientes y que las denuncias, por sí solas, no garantizan protección efectiva para las víctimas. Casos recientes evidencian la necesidad de una respuesta más rápida, coordinada y eficiente por parte de las instituciones responsables de atender la violencia intrafamiliar y de género. La prevención, la atención psicológica, el acompañamiento legal y el seguimiento a los agresores deben convertirse en prioridades permanentes.
Uno de los puntos más importantes planteados por la vicepresidenta fue el papel fundamental de la educación en la prevención de la violencia. Destacó que el cambio debe comenzar desde las aulas y los hogares, enseñando a niños y niñas valores como el respeto, la convivencia pacífica y la igualdad. La formación en valores humanos y sociales representa una herramienta clave para combatir conductas violentas que, en muchos casos, se normalizan desde temprana edad.
La violencia de género no puede seguir siendo vista únicamente como un problema individual o familiar, sino como una realidad social que requiere el compromiso de todos los sectores. Gobierno, escuelas, iglesias, organizaciones comunitarias y familias deben trabajar unidos para construir una cultura de respeto y protección hacia la mujer. Cada feminicidio representa una vida perdida, una familia destruida y una señal de que aún queda mucho por hacer como sociedad.
