
En medio de una escalada de tensiones comerciales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el país puede prescindir de los productos canadienses y buscar alternativas en otros mercados. Trump criticó las pérdidas que, según él, genera la relación comercial con Canadá, estimadas en 60.000 millones de dólares anuales, y sugirió que "ya es hora de darle una lección" a su vecino del norte, a quien acusó de "aprovecharse" de Estados Unidos durante años como si fuera un estado más y no una nación soberana.
La respuesta no se hizo esperar. Doug Ford, primer ministro de Ontario, propuso utilizar los recursos provinciales —como el petróleo, la electricidad y los minerales críticos— como herramienta de negociación frente a Washington. Ford advirtió que restringirá el acceso estadounidense a estos recursos y amenazó con cortar el suministro eléctrico que abastece a 1,5 millones de hogares y negocios en EE.UU., declarando que "ni un grano de arena" saldría de su provincia sin un acuerdo justo.
Tras el fracaso de las negociaciones, Estados Unidos impuso aranceles del 50% sobre ciertos productos canadienses, una medida que Canadá respondió con aranceles de represalia sobre bienes estadounidenses por valor de 27.600 millones de dólares canadienses (unos 19.900 millones de dólares estadounidenses), que afectarán a 700 productos con tasas del 15%, 25% y 50%, y que entrarán en vigor el próximo 8 de septiembre. El conflicto deja en vilo la relación comercial entre ambas naciones, con posibles consecuencias para consumidores, industria y seguridad energética de Norteamérica.
