
Una comisión de investigación de las Naciones Unidas determinó que existen «motivos razonables» para acusar a Estados Unidos de cometer crímenes de guerra durante los ataques aéreos perpetrados a finales de febrero en Irán. El informe señala que los bombardeos con misiles Tomahawk contra la escuela primaria Shajaré Taybé en Minab, que dejaron más de 150 muertos —entre ellos 120 niños—, y el ataque con munición de tungsteno contra un polideportivo en Lamerd violaron el principio de distinción del Derecho Internacional Humanitario al tratarse de objetivos civiles claramente identificables.
Asimismo, la misión concluyó que el régimen iraní incurrió en crímenes de lesa humanidad debido al uso sistemático y generalizado de fuerza letal para reprimir las manifestaciones antigubernamentales registradas entre diciembre y febrero. Las fuerzas de seguridad dispararon con escopetas de perdigones a zonas vitales de los manifestantes en las 31 provincias del país, provocando la muerte de más de 220 menores de edad, además de coordinar ataques contra instalaciones de salud para arrestar a heridos y médicos.
El documento destaca la falta de diligencia de Washington al no actualizar sus bases de datos militares antes de actuar con temeridad, mientras que a Teherán le imputa graves violaciones como detenciones arbitrarias masivas, torturas y el corte de internet y telefonía por más de cinco meses. Finalmente, se evidenció que Irán ejecutó a al menos 29 manifestantes entre marzo y agosto, confirmando un patrón de represalias estatales dirigido a maximizar el daño sobre la población civil.
