
Centroamérica enfrenta un nuevo desafío económico marcado por el incremento sostenido en los precios de los combustibles, una situación directamente vinculada a la crisis en Oriente Medio. La región, caracterizada por su alta dependencia de la importación de hidrocarburos, ha visto cómo el galón de gasolina supera los 4 dólares en la mayoría de los países, generando inquietud entre los consumidores por el impacto que esto tendrá en sectores clave como el transporte y la alimentación.
Países como Panamá, El Salvador, Honduras, Guatemala y República Dominicana registran precios que oscilan entre los 4,09 y 4,90 dólares por galón, mientras que en Nicaragua y Costa Rica las cifras superan los 5 dólares. Las autoridades atribuyen esta escalada a la volatilidad de los mercados internacionales, impulsada por tensiones geopolíticas en zonas productoras de petróleo. En respuesta, ciudadanos han comenzado a tomar medidas preventivas, como abastecerse antes de los ajustes de precios o reducir el consumo, evidenciando el impacto directo en la vida cotidiana.
Ante este panorama, algunos gobiernos han implementado medidas para mitigar el golpe económico. En Honduras, el Estado asumirá parte del incremento del combustible, mientras que en República Dominicana se ha destinado un subsidio millonario para contener los precios. Otros países, como Costa Rica, apuestan por compras anticipadas para estabilizar costos, y Nicaragua mantiene precios congelados desde 2022. Sin embargo, expertos coinciden en que mientras persista la inestabilidad en el mercado energético global, la presión sobre los precios seguirá siendo una constante en la región.
